Los hombres y la salud de las mujeres
Invité a una periodista a hablar sobre qué necesitan las mujeres de los hombres en salud. Ella se acordó de una quiromántica y escribió un texto para ustedes. Pasen y lean.
Hace unas semanas comenté un episodio del podcast Overlooked de la periodista Golda Arthur sobre el rol de los hombres en la salud de las mujeres.
¿Qué sabemos los varones? ¿Por qué no nos involucramos más? Son preguntas para los hombres y charlas entre nosotros.
Pero en esta oportunidad quiero escuchar el otro lado de esta historia: ¿cómo se siente una mujer al respecto? ¿Qué piensa y, sobre todo, qué necesita de los hombres en relación a su salud?
Golda, lectora frecuente de Recalculando —¡yo no lo sabía!—, aceptó participar en la newsletter; y lo hace justo después de que su podcast ganó otro premio. Un lujo.
Podés escuchar el episodio (en inglés) sobre el papel de los hombres en la salud de las mujeres en Spotify, en Apple Podcasts o en Overlooked. Ahora sí, a continuación va el texto que Golda Arthur escribió para Recalculando.
Lo que la quiromántica no me dijo
Perimenopausia, tampones e investigación: por qué necesitamos a los hombres como aliados urgentes en la salud femenina.
Por Golda Arthur
Cuando tenía 14 años, una quiromántica hizo una predicción tras examinar las líneas de mis manos.
En ese momento estaba en la India, de vacaciones de verano, visitando a mi familia. Aunque no recuerdo los detalles del contexto —¿cómo demonios conocía a una quiromántica?—, sí recuerdo su predicción.
“Estarás rodeada de hombres toda tu vida”.
Bueno, podrás imaginarte cómo se iluminó mi cabeza adolescente de 14 años. No era una chica popular ni mucho menos era de las más buscadas por los chicos, así que esta noticia me hizo feliz y pensé que ya tenía todo resuelto.
La quiromántica no se equivocó: estoy rodeada de hombres. Lo que no mencionó fue que yo les daría a luz, les cocinaría lasaña y que, más recientemente, ellos ignorarían mis mensajes con frecuencia. (Sí, soy la orgullosa madre de dos jóvenes, ¿se nota?).
Hablando en serio, he estado rodeada de hombres la mayor parte de mi vida, de una u otra forma, y últimamente he estado pensando mucho en ellos en relación con el tema sobre el que escribo y hago mi podcast: la salud de las mujeres.
Al crecer en los años 80 como parte de la Generación X, la salud femenina era un tema del que las mujeres hablaban entre ellas en voz baja, incluso cuando no había nadie más alrededor. Los hombres no formaban parte de esa conversación.
Mucho ha cambiado. Ahora las mujeres hablamos abiertamente sobre la menopausia, la menstruación, la fertilidad y la depresión. Pero no puedo afirmar con total certeza que los hombres estén realmente involucrados en esta conversación. ¿Por qué será?
Tengo la impresión de que tal vez quieren mostrar su apoyo, pero no saben cómo hacerlo. O quizás todavía se incomodan y prefieren evitar los detalles. Quizás dependa de la generación; creo que los hombres de la Generación Z están más abiertos a hablar sobre la salud de la mujer que sus padres. Pero solo estoy suponiendo. (Esto me hace recordar una de las razones por las que me encanta leer Recalculando: ¡elimina algunas conjeturas!).
Quiero sacudirlos
Soy la conductora de un podcast sobre salud femenina y constantemente hablo con mujeres —a veces de manera informal, con personas que apenas conozco— sobre los detalles más íntimos de su salud.
Una pregunta que siempre inicia una conversación es cuando les pregunto: “¿Crees que estás en la perimenopausia?”. La menopausia no deja a nadie ileso: cuando las mujeres se vienen abajo, arrastran con ellas a sus parejas, hijos, jefes, amigos... ¡a todo el mundo! Pero rara vez oigo a estas mujeres hablar sobre los hombres en sus vidas y de cómo lo viven ellos.
A veces me dan ganas de sacudir colectivamente a los hombres y decirles: ¡Entren ahí! ¡Involúcrense! ¡Participen! ¡Hagan más!
No solo tuve una perimenopausia bastante horrible, sino que también estoy en menopausia quirúrgica (¡todo a la vez!), así que mi esposo e hijos tuvieron que lidiar con una variedad de “síntomas”: desde el agotamiento extremo y el llanto constante hasta la ira con mayúscula (en mi defensa, no es que no haya motivos para enojarse). Creo que ellos estaban discretamente impactados y muy confundidos, pero dieron un paso al frente para apoyarme de la manera que pudieron.
Mi malestar a un lado
Desde hace rato, la pregunta sobre cómo es el apoyo que necesitamos las mujeres y cuál es el papel de los hombres en la salud de las mujeres me ha estado rondando la cabeza.
Hice un episodio sobre ello en mi programa, Overlooked. Mi invitado fue Sanj Singh, un hombre que dirige una empresa dedicada a la salud de la mujer y que habló sobre “despertar la curiosidad” de los hombres.
Sanj puso como ejemplo que cuando habla sobre deportes con sus amigos menciona el dato de que más mujeres que hombres sufren lesiones del ligamento cruzado anterior. “Despierta la curiosidad”, me dijo Sanj, “y los hombres se convertirán en aliados y promotores de la salud de la mujer”.
Mi reacción, algo gruñona, fue: ¿por qué tengo yo que hacer el trabajo de despertar su curiosidad? Pero llegué a la conclusión de que tengo que dejar a un lado ese mal humor, por muy válido que sea. ¿Por qué?
Necesitamos a los hombres en esto. Que inviertan en las nuevas empresas dedicadas a la salud de la mujer, que vayan a la farmacia a medianoche a comprar tampones, que realicen estudios de investigación innovadores sobre migrañas y hormonas, y que se enfrenten a la perimenopausia.
No podemos cambiar nosotras solas la situación de la salud de las mujeres. Realmente es necesario que todos se sumen a la causa. Es urgente que avancemos porque aún hay demasiado sobre la salud de las mujeres que sigue siendo desconocido, poco investigado y pasado por alto, y estamos pagando un precio por ello.
La falta de investigación sobre el cáncer de ovario nos impide salvar vidas. Dos tercios de las personas con Alzheimer son mujeres, y no sabemos muy bien por qué. Las mujeres vivimos más que los hombres, pero nuestras vidas son un 25 % menos saludables.
Así que, si sos un hombre que quiere ser un aliado para defender la salud femenina, podrías preguntarle a tu mujer favorita: “¿Qué te gustaría que entendiera sobre tu salud?” o “¿Cómo ha afectado esto a tu vida de formas que quizá yo no percibo?”.
Tengo curiosidad por saber cómo va esa conversación.
Esto fue todo.
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León cumplió tres años ayer. Pidió alfajores y medialunas para el desayuno. Lejos quedó el bebé que tomaba teta y dejaba exhausta a Irene. Volví a leer lo que escribí tras su nacimiento, cuando dormía la mayor parte del día.



