El dilema del tranvía
Pensamiento abstracto para lo grande y lo pequeño en lo cotidiano.
Un tranvía va a toda velocidad por una vía donde hay cinco personas que no podrán escapar. Tenés dos opciones: dejar que siga y las mate, o mover una palanca para que cambie a una segunda vía, donde hay una persona que morirá.
Famoso entre filósofos y psicólogos, es un dilema de décadas atrás pero recién lo descubrí, y me tiene pensando. La misma lógica, con variaciones, se aplica a mucho de lo que vemos en las noticias, la vida pública o lo doméstico.
También se utiliza como base para discusiones filosóficas que afectan nuestra vida y decisiones actuales, como en tecnología: qué decide y por qué la Inteligencia Artificial, un auto autónomo, un dron o la tecnología militar (en los links hay más info de esto).
Es un dilema debatido desde que la filósofa británica Philippa Foot lo planteó en 1967. Su complejidad creció desde que su colega estadounidense Judith Jarvis Thomson, en 1985, desarrolló esta variante: hay una sola vía sin la opción de la palanca, y la única posibilidad para salvar a cinco personas es empujar a una persona desde un puente para frenar el tren. ¿Vos lo empujarías?
Es un clásico experimento mental conocido como el dilema del tranvía. Desde la filosofía y la psicología, no hay una respuesta obvia ni “correcta”. Entre otras cosas, nos permite pensar en las consecuencias de una acción u omisión y evaluar si su valor moral está determinado únicamente por su resultado.
En las investigaciones, la gran mayoría movería la palanca para sacrificar a una persona y salvar a cinco, pero no empujarían a alguien desde el puente para salvar a cinco personas. ¿Por qué es aceptable moralmente un caso pero no el otro? ¿Por qué “está bien” activar la palanca pero “está mal” empujar a alguien?
Desde la neurociencia se investigó qué partes del cerebro se activaron cuando las personas consideraron estas dos variantes del dilema. En la primera versión se activa nuestra mente lógica y racional, por lo que si decidimos accionar la palanca fue para salvar más vidas.
Mientras que al considerar empujar a la persona desde el puente, aunque el resultado sería el mismo, nuestro razonamiento emocional entra en juego y sentimos diferente acerca de matar a uno para salvar a cinco. Esto nos puede llevar a cuestionar si nuestras emociones nos llevan a la acción correcta.
El espiral de preguntas éticas, morales y psicológicas parece inagotable: ¿salvar a cinco personas es “mejor” que salvar a una? ¿Está bien actuar y que muera una persona que no iba a morir? ¿Somos más responsables de lo que hacemos que de lo que omitimos? ¿Se puede ser neutral y no tomar partido?
Si pensás que no harías nada porque no te corresponde, ¿cambiarías de opinión si la persona que está sola en las vías del tranvía es tu hijo o alguien que amás?
Hasta acá llegamos hoy.
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