El cuidado no es un extra
¿Cómo incorporamos los cuidados a nuestra identidad? Spoiler: estoy a favor de celebrar a los hombres que cuidan. “No es algo automático ni instintivo. Requiere mucha reflexión, razonamiento".
El otro día alguien me dijo: “Vos sí que ayudás en casa, eh. ¡Súper papá!”. Mi ego sonrió, pero me quedé pensando: ¿Ayudar? Como si preparar la comida, quedarme con los chicos porque Irene viaja, hacer las compras o revisar la mochila de los chicos fuera un extra opcional. Como si el hogar, la familia y los hijos fueran responsabilidad de alguien más y yo estuviera sumando puntos por dar una mano, ¿no?
Es curioso que cuando un hombre cuida, se lo aplaude como si hiciera algo excepcional. Mencionar esto puede parecer una auto celebración (no lo es, me daría vergüenza ajena). Pero cuando una mujer hace esas tareas, simplemente cumple con su deber.
Aunque las tareas de cuidado recaigan más sobre las mujeres, hay mujeres que celebran a los hombres que las cuidan. Y me parece bien, aunque pueda parecer contradictorio.
La historiadora y economista Tatiana Andia contó en “Los hombres que me cuidan” cómo, durante su batalla contra el cáncer, descubrió que los hombres de su vida también saben cuidar: su esposo y su padre fueron clave en su recuperación, desafiando el estereotipo de que el cuidado es solo cosa de mujeres.
“Quiero hacer una reflexión acerca de, y si se quiere, un homenaje a los hombres que me cuidan. Es pertinente porque podemos estar desaprovechando un tremendo potencial como sociedad si circunscribimos las categorías del cuidado exclusivamente a lo femenino”, escribió en su texto, donde detalla las particularidades sobre haber sido cuidada por los hombres de su familia.
Andia también menciona que hay que dejarse cuidar. Esto me recordó lo que escribí hace un tiempo: “Mientras los varones tenemos que dar pasos adelante y tomar la iniciativa ahí donde nos hacemos los giles, prácticamente en esos mismos terrenos las mujeres deberían hacerse a un costado y generar un vacío para que el milagro ocurra”.
Luego leí una newsletter de la escritora y filósofa Kate Manne, que analiza un punto tal vez incómodo: sí, los hombres pueden cuidar… pero ¿lo hacen de manera habitual o sólo cuando las circunstancias los obligan?
Manne dice que tuvo la suerte de que su esposo la cuidara cuando fue necesario, pero deja claro que no es lo común. Ella remarca que, aunque los hombres han aumentado su participación en el hogar, el peso del cuidado sigue recayendo sobre las mujeres.
Los datos del reporte Estado mundial de los padres 2023 son claros: el tiempo dedicado al trabajo no remunerado por los hombres (19%) es muy inferior al de las mujeres (55%). Dependiendo del país, la cantidad de cuidados diarios que realizan las mujeres es entre 3 y 7 veces más en comparación con los hombres.
“Como mujeres, somos las cuidadoras y las que nos sustentamos, pero nosotras mismas estamos totalmente descuidadas y abandonadas. No es justo y, en gran medida, los hombres pueden solucionarlo”, escribió Manne.
Por un lado, sabemos que los hombres podemos cuidar, o sea, somos tan capaces como ellas. Pero, a su vez, a veces parece que lo hacemos cuando la situación lo exige, cuando no hay alternativa.
La retórica es obvia: si no hay falta de capacidad, ¿es una carga que evitamos? ¿Por qué? La norma sigue siendo que el cuidado es un “extra” en la identidad masculina, no un eje central como para las mujeres.
“El cuidado de un ser querido no es algo automático ni instintivo. Requiere mucha reflexión, razonamiento y trabajo”, explicó la profesora de psicología Alison Gopnik en la revista Early Childhood Matters. Añadiría que también demanda esfuerzo, genera frustración y exige paciencia.
¿De qué hablamos cuando hablamos de cuidado?
🍼 Cuidado físico: alimentar, vestir, bañar, atender en la enfermedad. Ejemplo: faltar al laburo cuando un hijo se enferma o llevarlo a la oficina cuando no tiene clases.
🧠 Carga mental: recordar turnos médicos, comprar regalos, planificar la rutina familiar. ¿Próxima vacuna? ¿Turno con el pediatra? ¿Comida de la semana? ¿Quién organiza el cumpleaños de los hijos?
💬 Cuidado emocional: sostener el ánimo de los hijos, acompañar en crisis, atender las necesidades afectivas de la familia. ¿A quién le contamos nuestros miedos y secretos los varones? ¿Quién habla con los hijos sobre sus temores y vulnerabilidades?
📅 Cuidado relacional: mantener lazos con abuelos, tíos, amigos... y en la pareja. ¿Quién se encarga de la agenda social familiar y de comprar los regalos?
⌛ Cuidado diario e ininterrumpido: no es solo jugar con los hijos, sino encargarnos del día a día (tareas escolares, horarios de sueño, organización, logística).
Seguro me olvido o no veo muchas cosas, así que ya me dicen.
¿Entonces?
Me parece que un punto clave para los hombres es replantearnos la pregunta: ¿repartimos las tareas de manera equitativa? Se lo podemos preguntar a nuestra pareja, ¿no?
A veces nos involucramos en tareas visibles y esporádicas —cambiar pañales, hacer un asado, ir al parque a la tarde— mientras nuestras parejas siguen siendo las gerentas de hogar, cargando con lo invisible, lo que nadie ve ni reconoce (y que no tiene fin).
Sin victimizarme como hombre ni a mi gremio, creo que no es solo un problema de pareja o familia, sino de raíces culturales profundas: el problema no es que los hombres no cuidemos, es que no se espera que lo hagamos.
¿Cómo hacemos para que el cuidado deje de ser visto como un “extra” en los hombres y pase a ser parte de nuestra identidad, como lo ha sido históricamente para las mujeres?
¿Por qué nadie dice nada extraordinario si una mujer se ocupa de todo lo mencionado? ¿Es “lo normal”, no? ¿Por qué si un hombre lo hace, aparecen comentarios de “es un padre ejemplar” o elogios similares?
¿Cómo modificamos esto?
El cambio cultural no solo pasa por “visibilizar” a los hombres que cuidan, que me parece importante que ocurra. No para celebrarlos ni señalarlos como ejemplos excepcionales, sino para que resulte más natural y se incorpore al imaginario colectivo que un padre pueda caer el lunes a la mañana en la oficina con su hijo.
Las empresas pueden jugar un papel importante al ofrecer beneficios y flexibilidad laboral que permitan a los hombres involucrarse más en el cuidado sin penalizar su carrera profesional.
Es que para cambiar las expectativas culturales profundas también es necesario implementar políticas y programas que apoyen y posibiliten la participación de los hombres en las tareas (licencia parental compartida, programas de educación que promuevan la igualdad de género desde la infancia, campañas de concienciación que visibilicen el cuidado como una responsabilidad compartida).
Hay que transformar la manera en que entendemos el cuidado. No tiene que seguir siendo un extra en la identidad masculina. Claro que los hombres podemos cuidar y, sin que nadie nos lo pida, tiene que ser parte de nuestra manera de estar en el mundo.
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Entre apuntes y armaduras
Mis notas en el teléfono son anárquicas. Anoto con entusiasmo. A veces, al releerlas, no le encuentro sentido. Otras, quiero dialogar con lo anotado. Son apuntes sobre experiencias cotidianas que revelan tensiones, presiones culturales que nos afectan, informes sobre qué hacemos con nuestra salud (y emociones), y la importancia de la empatía, la vulnera…




Excelente post Nacho. He discutido muchas veces sobre este tema, tanto en sobremesas familiares, reuniones de amigos/as y hasta en simposios con colegas, refutando la existencia -que muchas personas sostienen- del instinto materno, la construcción social de los roles de cuidado y otras cosas más. Tu escrito me ayuda a seguir reflexionando, más ampliamente. Gracias