¿Dónde enfocamos el esfuerzo?
¿Cuál es el rol de los varones en la salud de las mujeres? Un escritor revisa su machismo. Casciari, años de imbécil: "No seas exagerada, no todos los varones somos así”. Texto inspirador. Pantallas.
¿Qué rol deberían tener los hombres en la salud femenina?, se pregunta Golda Arthur en el último episodio de Overlooked, un premiado podcast periodístico sobre salud femenina (en inglés) que visibiliza lo que suele quedar fuera de agenda.
Arthur empieza el episodio entrevistando hombres en la calle. “Me sorprendió lo extrañamente ansiosos que estaban por hablar sobre la salud de las mujeres”, contó luego Arthur en su newsletter.
Y pensé: ¿Por qué nos incomoda a los hombres que las mujeres hablen de ovarios, menstruación o menopausia quirúrgica? ¿Sabemos algo sobre endometriosis? ¿Por qué es importante que nos interesemos por estos temas?
Momento clave del podcast: Golda Arthur entrevista a Sanj Singh, de Temple Therapeutics, dedicada a la medicina de precisión en salud femenina. Sanj, que creció con una madre obstetra-ginecóloga, quiso romper el silencio de los hombres sobre la salud femenina.
Para Sanj, “la curiosidad es el primer paso” para crear hombres interesados en la salud de las mujeres. Al escucharlo, algo me hizo ruido: ¿las mujeres deberían esforzarse en despertar curiosidad para que los hombres nos interesemos o deberíamos nosotros ser más proactivos en involucrarnos y aprender?
Al final del episodio, Arthur admite su incomodidad: “No tengo ni el tiempo ni las ganas de despertar la curiosidad de los hombres por mi salud o la salud de las mujeres en general, y creo que tengo que cambiar mi enfoque porque hay demasiado en juego como para que los hombres no sientan curiosidad, como para que no sean defensores de la salud de todas las mujeres”.
Podés escuchar el episodio en Spotify, en Apple Podcast o en la web de Overlooked.
…
Escuchando el podcast de Golda Arthur, recordé cuando escribí sobre qué hacemos y cómo hablamos los hombres de nuestra salud:
Cuidate, amigo. Cuidate, hijo.
Cuando la doctora le preguntó por qué estaba ahí, mi amigo no dudó: “Estoy acá para que mi mujer no me hinche más las bolas, ¡ella me dijo que viniera!”. Mi amigo, de casi 50 años y padre de tres niños, lo cuenta así, como una anécdota graciosa para decir que hace unos días fue a hacerse un chequeo médico. Su pareja sonríe, entre el alivio por su exitos…
…
Imbéciles, hagámonos cargo
Hace unos años leía cuentos y textos de Hernán Casciari en su blog y, de pronto, me llamó la atención su machismo. Entre otras cosas, escribía “puto” y “trolo” como una gracia que ya no me parecía tal.
No me estaban dando más ganas de leerlo (los comentarios de Facebook indican que no fui el único), hasta que me encontré con otro texto suyo (de 2016) que puso las cosas en perspectiva y que dialogaba con mi malestar (y me invitaba a no juzgar). Casciari decía que se hacía cargo de su machismo y eso me pareció que podía ser inspirador.
Hice un apunte de esta anécdota personal para compartirla acá. Pasaron unos años, hasta que esta semana vi un video donde Casciari lee en la radio justamente ese texto. En rigor era versión de 2021 del texto original, y dice:
“Nací varón en Latinoamérica, en los años setenta. Y por eso mismo me cuesta mucho, cada vez que lloro, no decir ‘parezco mina’ o ‘me puse putito’. Son muchos años de ser un imbécil que se creía gracioso”.
El escritor recuerda que en la adolescencia algunas amigas le señalaron actitudes machistas que él no podía reconocer o que se negaba a aceptar. “Creí que machismo y feminismo eran dos extremos y me burlé de los dos”, dice Casciari, que luego se convirtió en padre por primera vez.
“En la crianza de mi hija practiqué la ironía seudoprogre de decir frente a ella ‘puto’, ‘trola’, ‘negro’ y otro montón de tópicos que creía inofensivos. O chistosos. También debatí sin argumento en sobremesas acaloradas y salieron de mi boca algunas frases hipócritas, como, por ejemplo: ‘No seas exagerada… No todos los varones somos así’”.
Casciari escribió más de quinientos cuentos en Internet y por lo menos en veinte hay alguna frase machista o idea retrógrada que hoy le “avergonzaría” leer. Entonces se pregunta qué hacer con esos textos: “¿Borrarlos? Eso sería cobarde. ¿Corregir las partes feas? Eso me convertiría en un careta. Entonces elegí mantener esos cuentos en mis libros, pero avisando. Hacerme cargo del que fui para ser menos imbécil de ahí en adelante”.
Muchos varones nos identificamos con la búsqueda que describe Casciari de estar atentos a los símbolos y tópicos. También con sentirnos imbéciles y ver qué hacer con eso: “Ya no hago chistes de falso progresismo. Me ejercito para dar pelea, incluso en lo dialéctico, que es donde más me cuesta”, dice el escritor, y remarca: “Pero me esfuerzo”.
Aunque no sé qué hace en su vida privada, me gusta que en lo literario Casciari se enfoca en hacer él mismo el esfuerzo para cambiar, aprender a cuestionar estereotipos y dejar de minimizar o desentendernos de estos temas.
Esto me deja aún más claro el fastidio de Golda Arthur al decir que no tiene tiempo ni ganas de despertar la curiosidad de los hombres sobre la salud de las mujeres. Ella pide, aún sin decirlo, que los hombres hagamos un esfuerzo; que no deleguemos el cambio sino que nos involucremos, al menos, mediante la escucha, el aprendizaje y haciéndonos cargo.
Podés:
ver acá el video de Casciari hablando sobre su machismo. Es emotivo.
leer acá el texto completo de Casciari. Vale la pena.
leer acá las reacciones al texto de Casciari en en Facebook.
Eso fue casi todo por hoy, porque hay algo más que les quiero contar.
Hace unas semanas me invitaron a participar de un artículo en Página/12 sobre una educación sin pantallas, que alerta sobre la exposición excesiva de niños y adolescentes a celulares, tablets y televisores. Sus posibles daños son un tema de conversación mundial.
“Las pantallas están modificando el desarrollo cerebral de niños y adolescentes”, afirma Mauricio Pedersoli, neurólogo infantil del Hospital de Niños de La Plata y autor de Adictos en pañales.
“Además de los efectos directos en el cerebro —como la estimulación excesiva del sistema de recompensa— hay un daño indirecto: las pantallas le quitan tiempo a todo lo que sí hace falta para un desarrollo sano, como jugar, moverse, hablar con otros, aburrirse”, explica Pedersoli en Página/12, donde pediatras y especialistas hablan de desafíos y estrategias para una crianza sin pantallas.
En ese contexto, cuento un poco cómo manejamos en casa el tema de las pantallas con nuestros hijos —nunca tuvimos televisión ni tablet— y cuál es nuestra estrategia.
Ahora sí, hasta acá llegamos.
Muchas gracias a los que siguen compartiendo Recalculando, suscribiéndose y escribiéndome (pueden hacerlo respondiendo este mail, ¡respondo a todos!). ¿Pensaste en alguien mientras leías? ¡Pasale la newsletter!
Acá podés ver el historial completo de los más de tres años de Recalculando. Sugerencias o críticas, son bienvenidas. Aprecio mucho cuando me cuentan lo que les pasa o comparten experiencias personales. Es un montón.
¿Querés que escriba sobre algo en particular? ¡Avisame!
Si te gusta Recalculando y me querés ayudar, dale “like/me gusta” a la publicación (corazoncito que aparece por ahí) o mandásela a alguien (con el botón “compartir” o directamente reenviando este mail). ¡Mil gracias a los que lo vienen haciendo! 😉).
También podés compartirla en redes sociales y arrobarme en Twitter (@pereyranacho), Instagram (@nachopereyra23) o Facebook (Nacho Pereyra).
Un abrazo,
Nacho
¿Te perdiste la newsletter anterior? ¡Acá va!:
¿Cómo revertir la baja natalidad?
La baja natalidad preocupa a gobiernos, economistas y demógrafos. ¿Cómo revertir la tendencia de menos nacimientos cada año? “Gran parte del cambio en la fertilidad dependerá de si los hombres asumen más tareas domésticas a medida que las mujeres se incorporan al mercado laboral, sobre todo si hay hijos en el hogar”,


